Internacionalización, movilidad y aseguramiento de calidad: ¿tres pilares para una cooperación México-América Latina?

Sylvie Didou Aupetit[1]

didou@cinvestav.mx

 

 Los días 24 y 25 de septiembre 2015, la Subsecretaria  de Educación Superior y la Unión Europea organizaron el Segundo Diálogo Sectorial y el Seminario de Expertos en Educación Superior. A modo de introducción, el Dr. Guy Haug presentó el reporte final de una expertise, titulada “Estudio comparativo entre la UE y México sobre los retos creados como consecuencia de la internacionalización de la educación superior y las herramientas de transparencia desarrolladas por ambos  para facilitar la movilidad y la cooperación”[2]: el documento, con fecha de septiembre 2012, sirvió de referente  para orientar el debate sobre la búsqueda conjunta de acciones de cooperación entre las contrapartes.

Bajo la coordinación general de la Sra. Claire Morel, jefe de la Unidad de Cooperación  Internacional en Educación y Juventud-Acciones Jean Monnet de la Comisión Europea y del Dr.  Salvador Malo, Director General de Educación Superior Universitaria de la Secretaria de Educación Pública (SEP),  ponentes mexicanos y de distintos  países europeos presentaron alternativamente reflexiones y datos para informar, durante el primer día, sobre movilidad estudiantil y reconocimiento de créditos y títulos así como mecanismos de garantía de la calidad en educación superior. En el siguiente día, los expositores se centraron en experiencias y casos de estudio sobre, respectivamente, las estrategias de internacionalización, sistémicas e institucionales, y las experiencias de universidades ante la Unión Europea. Para México, los responsables de la cooperación en tres universidades públicas (Guanajuato,  Puebla y Guanajuato) expusieron sus prácticas de internacionalización. Los ponentes procedentes de países europeos presentaron los resultados de una encuesta, realizada por encargo de la European  Association for the International Education (EAIE) sobre cómo los operadores de la internacionalización valoran sus situaciones; vertieron reflexiones sobre la relevancia de las estrategias y el papel de los académicos y científicos en el proceso de internacionalización. En la parte final del evento, tres ex becarias mexicanas del programa ERASMUS expusieron sus experiencias de estudios pero también de retorno y/o inserción profesional así como el papel de la asociación de  estudiantes y alumni ERASMUS+ (ESAA) y el perfil del capítulo México.

El diseño del seminario y la dinámica de interacción entre ponentes y asistentes (principalmente rectores, directores de las oficinas de internacionalización de instituciones de educación superior –IES- mexicanas, funcionarios de la SEP y del tecnológico nacional y representantes de agencias de cooperación internacional de distintos países- España, Francia, Alemania entre otras) permitieron a los participantes y asistentes exponer experiencias interesantes; identificaron asimismo barreras que obstaculizaban la posibilidad de transformar las condiciones de colaboración y mutualizaron conocimientos sobre recursos, insumos y dispositivos. En ambos espacios, nacional y regional, han proliferado los organismos a cargo de los procesos de evaluación y acreditación, lo que auspicia cierta confusión en el entendimiento de quién hace qué dentro de sistemas complejos y muy amarrados a los contextos nacionales, además de insertarse en el escenario europeo. Más allá de las diferencias, conviene subrayar que predomina, tanto en México como en Europa, una preocupación por garantizar un trato equitativo a establecimientos distintos, en sus poblaciones, especialización disciplinaria, grado de consolidación del posgrado y  misiones estratégicas. Esa, desgraciadamente, no siempre logra traducirse en la aplicación de indicadores y de procedimientos que no sean discriminatorios. Ante esa constatación y las inquietudes, éticas, morales y políticas, que genera, varios interventores señalaron la necesidad de mejorar los niveles de información mutua sobre  los mecanismos de aseguramiento de calidad y disponer de datos sistemáticos sobre los recursos disponibles y las buenas prácticas, mediante plataformas Web u otros dispositivos (observatorios o redes especializadas).

Lo anterior es cuanto más indispensable que varios ponentes advirtieron una tendencia fuerte al fortalecimiento de mecanismos internacionales de certificación de calidad, a escala institucional y, sobre todo,  de los planes y programas de estudio. Los desafíos son, en México, cómo participar en esos mecanismos, no sólo como consumidor de servicios en lo que los especialistas denominan el mercado internacional de aseguramiento de calidad sino como  ofertante y  cómo definir, conjuntamente con los países de la Unión Europea, un sistema normalizado para identificar y compartir indicadores y experimentos pertinentes al respecto.

Otro elemento de diagnóstico, señalado reiteradamente por los ponentes de ambos lados, concernió los disfuncionamientos de los procedimientos de reconocimiento de créditos y títulos: si bien en algunos programas,operan decorosamente los acuerdos institucionales entre las contrapartes para reconocer los periodos de estudio cursados afuera, en la mayoría de las ocasiones, los procedimientos burocráticos internos a los establecimientos y, antes que nada, la falta de acuerdos macro sobre lo que es un crédito dificultan que esos trámites sean transparentes y expeditos, desalentando la movilidad corta. Al respecto, programas como el 6 por 4 y Tuning América Latina, con financiamiento de la Unión Europea, fueron evocados como valiosas propuestas para avanzar en la superación de trabas burocráticas y organizacionales. Sin embargo, su adopción efectiva por las universidades mexicanas no ha sido la esperada, una vez acabado el periodo de vigencia de  cada iniciativa.

El reconocimiento de los grados y títulos obtenidos en el extranjero ha sido puntualizado igualmente como una cuestión a atender para mejorar la movilidad estudiantil de larga duración y la profesional, aunque hubiera sido necesario dedicarle más atención al tópico: urge en efecto dimensionar los retos que implica  mejorar los procedimientos, en México, debido a que el sistema es poco efectivo y a que la Ley General de Profesiones requiere de una actualización, como los especialistas lo señalan desde hace más de dos décadas, clamando en el desierto.

En relación a la internacionalización, la presentación de las políticas impulsadas por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) así como de las experiencias institucionales antes mencionadas permitió percatarse de las peculiaridades del proceso de internacionalización en México. Esas habrían de constituir la base de cualquier proyecto de cooperación internacional que pretenda fundamentarse en perspectivas ganar-ganar o de internacionalización comprensiva.

Entre esos rasgos de identidad, destacan la relevancia de las políticas de gobierno como marco de referencia en el que las instituciones de educación superior nacionales inscriben su actuación. Igualmente, sobresale el papel protagónico desempeñado por unos cuantos establecimientos que han logrado acumular capacidades y resultados mientras una  mayoría de las 3200 instituciones de educación superior, públicas y privadas, registradas en el país tienen estrategias y resultados poco visibles, si no es que inexistentes, en cuanto a internacionalización. Es igualmente indispensable subrayar la relevancia de la movilidad estudiantil, como principal vertiente de las políticas de internacionalización, en las escalas institucional, asociativa y gubernamental.  También, es preciso tomar en cuenta las dificultades para equilibrar, cualitativa y cuantitativamente, los flujos salientes y entrantes de estudiantes y atenderlos, en cuanto a orientación sobre la vida académica, condiciones migratorias y culturales en las instituciones receptoras. Finalmente, llamó la atención el que funcionarios y responsables de las oficinas universitarias de internacionalización coincidan en que es imprescindible consolidar o generar dinámicas de internacionalización en casa, para distribuir los beneficios del proceso a universos de beneficiarios de mayor tamaño; de hecho, pese a la profusión de programas,  incluso la movilidad estudiantil involucra todavía a una parte mínima de la matricula (0.8{035cf0615fab444c9acfab323182309fb8113ccd508c21e552aa52a79aa847c5} contra un 0.9{035cf0615fab444c9acfab323182309fb8113ccd508c21e552aa52a79aa847c5} promedio en América Latina)[3].

Con base en esos elementos de diagnóstico, varias sugerencias fueron expresadas por los participantes mexicanos y europeos. Los primeros propusieron que la Subsecretaria de Educación Superior desarrolle un programa nacional de internacionalización, con lineamientos, prioridades de acción, áreas estratégicas y compromisos  financieros y de  rendición de cuentas sobre resultados, en respuesta al interés que genera, de nueva cuenta, el tema entre las IES nacionales pertenecientes a distintos segmentos del sistema de educación superior. Haría falta garantizar condiciones para que ese programa sea ampliamente concertado no sólo entre funcionarios y responsables de la cooperación sino entre ellos, los investigadores y los expertos. En ese mismo afán de definir una agenda política de mediano plazo para el fortalecimiento y la internacionalización de la Educación Superior en México, otros interventores sugirieron la implementación de un Marco Nacional de Cualificaciones, aprovechando la reorganización del sistema nacional de aseguramiento de calidad.

En forma concreta, propuestas específicas consistieron en desarrollar programas de estancias profesionales y vinculación universidades-empresas entre México y la Unión Europea, diseñar conjuntamente medidas que apoyen y  aseguren la calidad de las ofertas de postdoctorado en consideración al creciente intercambio científico en ese nivel y efectuar un registro sistemático de los dispositivos innovadores de cooperación internacional y de las co-tutelas o programas conjuntos entre México y la Unión Europea. Se recomendó asimismo optimizar la comunicación y los dispositivos de apoyo a investigadores o estudiantes mexicanos interesados en candidatear a programas europeos, cuyos requerimientos  y reglas son a veces difíciles de entender desde fuera.

Por su parte, los participantes europeos señalaron que, si bien la cooperación Unión Europea- México es relativamente sostenida (siendo México el tercer socio de la Unión Europea en América Latina después de Brasil y Argentina en Erasmus), se caracteriza por un alto grado de concentración asociativa (considerando las instituciones y los países beneficiados), aunque hayan sido detectados indicios de diversificación. Mencionaron como una de las ventajas de la cooperación ofrecida por la Unión Europea (en comparación con los programas bilaterales entre México y los países socios de la Unión) la posibilidad de triangular, en Europa como en América Latina, las cooperaciones, aunque eso suponga montajes complejos. Finalmente, indicaron algunas áreas posibles de colaboración con México, por ejemplo en torno a la internacionalización del curriculum o la consolidación de modelos de acreditación más amigables y entendibles, como los diseñados por los centros ENIC-NARIC.

Más allá de esa lluvia de ideas, queda ahora como pendiente capitalizar en forma operativa las sugerencias expresadas durante el Seminario. Eso supondría que los organismos convocantes (la SEP y la Unión Europea) elaboren un programa de trabajo conjunto, con base en compromisos políticos de ambas contrapartes en torno a programas precisos de colaboración. A juicio mío, sin embargo, esa agenda no forzosamente tendría que limitarse a las propuestas vertidas durante el Segundo Dialogo Sectorial. Debería abarcar asuntos que no pudieron ser evocados, por el formato mismo de la reunión y la premura de los horarios: entre esos, un ámbito central de cooperación entre México y varios países de la Unión Europea podría ser el de la formación inicial y permanente de los docentes para todo el sistema educativo y las contribuciones de las Instituciones de Educación Superior al proceso de escalamiento de sus capacidades y conocimientos.

Para concluir con unos comentarios personales, creo que optimizar la cooperación entre México y la Unión Europea implicaría una representación más equilibrada de los sectores involucrados centralmente en la promoción de procesos de internacionalización: en ese evento, me perturbó la poca presencia de investigadores y docentes. Implicaría también que las contrapartes involucradas elaboren un perfil estratégico de colaboración mutua. Este perfil no se reduce a  la suma de las colaboraciones bilaterales de cada institución mexicana con países miembros de esta (o vice-versa); supondría  la elaboración de una propuesta focalizada, jerarquizada, con acciones prioritarias y atribución de recursos, en función de intereses  compartidos por las instituciones, las agencias de cooperación, los actores y promotores  y los gobiernos, en un escenario preciso y particular.

A modo de ejemplos, y considerando los retos planteados por el recrudecimiento de la migración internacional, tanto en México como en los países europeos, un programa de atención a los jóvenes en situación de abandono escolar, diseñado y financiado por ambos socios, podría constituir un valioso aporte a la inclusión social de poblaciones vulnerables (un tema incluido en las agendas tanto de México como de la Unión Europea) y recuperar las numerosas experiencias al respecto desarrolladas en ambos lados. En ese mismo tenor, podría  armarse un programa de cooperación internacional tendiente a fortalecer las capacidades, los perfiles y la pertinencia social, en sus contextos local y sistémico, de las instituciones no tradicionales de educación superior, es decir no universitarias, considerando su desarrollo en México y en varios países de la Unión Europea.

En conclusión, la Unión Europea y México han de consolidar conjuntamente sus logros, apoyando un modelo de internacionalización convencional, que involucra a contrapartes con experiencia acumulada y resultados fehacientes. Pero, sería conveniente que, asimismo, procuren innovar conjuntamente, dedicando algunos de sus programas comunes a propiciar una mayor equidad en la distribución de beneficios y apoyos a los socios institucionales y a los individuos, para garantizar un esquema más democrático de inclusión y ampliar sus bases sociales.


[1]Investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (DIE-CINVESTAV) y coordinadora general de la Red sobre Internacionalización y Movilidades Académicas y Científicas (RIMAC), Red CONACYT No. 260402.

[2] http://ec.europa.eu/education/library/study/2012/eu-mexico-report_es.pdf

[3] UNESCO. 2015. http://www.uis.unesco.org/EDUCATION/Pages/international-student-flow-viz.aspx


Texto disponible en PDF: ResenaUEMex-Didou

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