Una mirada sobre la evolución de las relaciones universitarias entre Francia y México

Entrevista al Dr. Claude Bataillon

Realizó: Françoise Brouzès, Casa Universitaria Franco-Mexicana, Universidad de Toulouse, Francia.

Fecha: 18 de diciembre de 2015

Publicación: Mayo de 2016


FB: Monsieur Bataillon, México ha tenido un lugar privilegiado en su trayectoria académica y científica, ¿podría primero recordarnos las fechas de sus principales estancias en México?

CB: Sí, es una cosa muy larga: empecé en 62 para vivir en la Ciudad de México cuatro años, luego volví medio año en 69, un par de años de 82 a 84, medio año en 97 y fuera de eso que podemos llamar estancias, hice muchos viajes. Hay que recordar que al principio el viaje era muy costoso, es algo que la gente de ahora no entiende: conseguir un boleto, un pasaje, costaba un ojo de la cara; luego vinieron los chárteres, se fue abaratando y actualmente viajar a México cuesta… ¿qué será, tres o cuatro días del sueldo de un académico? cuando en aquel tiempo ¡era de un año! En estos viajes cortos era  venir para un seminario, una conferencia, un pequeño trabajo de campo, a menudo muy corto, tomar contactos académicos y recoger material de lo que llamaban hasta hace poco literatura  “gris”  que dejó de existir con Internet: ahora todo se encuentra en pantalla pero entre la máquina de escribir con duplicado de textos e Internet pasa un siglo de literatura “gris”, hay que recordar cuántas épocas de máquinas de escribir, fotocopias y faxes transitaron entre el manuscrito único y el acervo actual.

FB: Doctor, Usted tuvo la oportunidad de integrar el medio universitario y científico mexicano en la década de los sesentas, ¿cómo era entonces el panorama de las relaciones entre Francia y México en el entorno de su disciplina y cómo se fue desarrollando?

CB: Bueno, yo diría que en los años cincuenta, sesenta hasta Echeverría, para decirlo sencillo, el panorama es de mexicanos que van a Francia individualmente con una beca, pocas veces menor a un año por el costo del viaje entre otras cosas. A menudo los más “jóvenes” entre comillas,  no los viejos, van para escuchar clases en el Colegio de Francia, en la Sorbona, en lo que no era todavía la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales sino la sexta sección[1] de los Altos Estudios. Pienso en gente como Luis González; toda esta generación era muy informal, de esta época, el mejor testimonio es la Casa de México en la Ciudad Universitaria de París. Entonces sería una primera etapa muy informal, luego hablaría de la fase posterior, una generación que ya llega a Francia para doctorarse, la de Enrique Florescano, de Alejandra Moreno; los primeros son mis tíos, los otros son ¡mis hermanos jóvenes! es una diferencia de casi una generación. Por el lado francés, en aquel tiempo, ¿quién puede ir a trabajar a México? Unos free lance muy contados, casi todo antropólogos, la generación mía, con Toby (Antonieta) Nelken por ejemplo[2], van para estudiar en la ENAH (Escuela Nacional de Antropología e Historia) y luego se quedan, viven de lo que pueden, se integran a instituciones pero son individuos sueltos; fuera de este pequeño grupo, los que son de gremios digamos “acomodados”, historiadores, geógrafos, casi no hay sociólogos todavía, tampoco economistas, viene como profesores en el liceo francés o como directores de escuelas en la Alianza Francesa. Dos o tres como yo, llegan de investigadores en el IFAL, de vez en cuando, pero de ninguna manera en forma continua.

Entonces, eso es el flujo: en un año equis se cuenta en los dedos más bien de una mano que de dos, es decir poquísimos al principio. Yo diría que el gran cambio se produce con Echeverría, no por la personalidad del señor, sino por el hecho de que ocurre el boom petrolero, lo que en Francia llaman la crisis petrolera del 73, que es el famoso despegue mexicanos. Se me iba olvidando otro camino para entrar a México que era que los jóvenes, en vez de hacer el servicio militar en Francia a partir de 63-64, pueden tramitar su entrada –es el caso de Pancho[3]– con la cooperación “militar”, un camino que pega o no, porque uno se queda año y medio y si se va ya no tiene manera de prosperar la cosa;  algunos encuentran otro camino para volver, pero también son pocos.

Hay que recordar que a América Latina, a fines de los sesentas o principios de los setentas, en un año se mandaba en cooperación militar yo diría, a ojo de buen cubero, ¿a toda América Latina? Menos de cien personas, mientras que en África se mandaban varios miles; la cooperación funcionó en África para el sistema poscolonial francés por el hecho de que se enviaba gente que hablaba francés en países en donde se hacía todo en francés; a América Latina ocurría que uno primero pasara cinco meses para aprender mínimo el castellano, entonces era LA diferencia. A partir de Echeverría es cuando llega gente que es recibida por instituciones mexicanas y eso es una novedad porque antes de este boom el sistema académico mexicana tenía poquísimas plazas: es decir que en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) es ciencias duras, entre profesores e investigadores en total, en 1970, no había ni cien personas.

Los profesores catedráticos  de tiempo completo supongo que no llegaban a treinta y en provincia ¡no se diga!… Un profesor catedrático en aquel tiempo era un profesionista de buen nivel que venía a dar una hora, un par de horas o lo que sea de horas de clase por un pago casi simbólico: no eran más que tarjetas de presentación; en aquel entonces, el cuerpo académico era mínimo. A partir del boom petrolero y a pesar de que el boom petrolero se transformó en unos fracasos petroleros sucesivos, el sistema académico sigue creciendo, poco menos, poco más, pero sigue creciendo, durante cuatro decenios y picos; ya era totalmente otro panorama, e incorporar a extranjeros no fue tan difícil. Franceses, hubo pocos, gringos, diez veces más, y todavía más gente de habla española con el enorme movimiento de los refugiados; hay que recordar que 73 es a la vez el boom  petrolero y el golpe chileno, luego sigue el golpe, peor en muchos aspectos, de Argentina; Brasil es caso aparte, no hubo migración intelectual brasileña que se pueda comparar de ninguna manera a lo que fue el movimiento chileno y argentino…

Para Francia, los chilenos fueron una cosa muy importante, los argentinos poco menos; en cambio, para México, los argentinos, incluso con las broncas que se pueden oír al respecto, verdad, fueron una sangre nueva importante de personas que tenían una visión y un manejo de lo internacional muchísimo mejor que los mexicanos; los mexicanos eran unos provincianos en comparación de los Porteños, y digo los Porteños, no los argentinos ¡eran porteños! Eso fue un movimiento enorme.

FB: Usted indica en sus escritos que cuando llegó a México fue uno de los pocos franceses que tuvo la oportunidad de enseñar en el sistema universitario mexicano…

CB: Sí, es una cosa que reflexioné mucho. Yo tuve una mezcla de obligación y de suerte: obligación porque era el único investigador pagado por Francia en la República  Mexicana en los cuatro años que estuve ahí… No, no, estaba la Misión Arqueológica de Guy Stresser-Péan[4] y todo el grupito, con un antropólogo y tres o cuatro arqueólogos, pero fuera de eso… nada. Entonces era una obligación moral para mí y por el hecho de que mi papá era un académico conocido de ciertos círculos mexicanos y mucho más de los círculos de refugiados españoles que fueron digamos el lugar de recepción para mí, me acogieron dos o tres mexicanos y… ¡los españoles! Entonces me dijeron de inmediato “tiene que ir a la UNAM para dar un curso”. Fue para mí bueno, lo cuento en un libro, fue como para un antropólogo que va a una tribu totalmente exótica: no entendía nada de lo que eran los profesores, de lo que eran los alumnos, de lo que eran las costumbres, eran cosas que no podía entender y dar una clase sin saber de qué se reían los alumnos, qué sabían, ni nada, fue una decepción tremenda. Luego tuve la suerte mucho,  mucho mayor, de dar dos semestres para los alumnos de Historia en El Colegio de México; para entonces ya sabía mejor español, ya dominaba mucho mejor el sistema y más que todo el recibimiento fue más fácil de entender: sabía de qué sería el curso, para qué alumnos lo hacía y me ayudó enormemente en eso Luis González, el historiador. Me ayudó en otros aspectos que para mí eran muy importantes como la publicación de libros y para mí fue realmente trabajar en un buen ambiente. Pero, yo diría que franceses que venían a dar una conferencia u ocho conferencias, o quince conferencias cada año, los había; pero franceses que venían para dar dos semestres seguidos en El Colegio de México, no había, así que fue una suerte bastante excepcional.

FB: ¿En qué contexto de las relaciones entre Francia y México se fueron generando los intercambios académicos?

CB: Eso lo cuento un poco en un libro donde participé. El interés de los franceses para América Latina empieza muy temprano: hay que recordar a Siegfried el geógrafo politólogo y otros antes que él; desde fines del siglo XIX existe toda una visión de que la civilización europea, desde luego francesa, tiene que ser madrina de la civilización de orden y progreso tanto porfirista como brasileña. Es la perspectiva de un mundo civilizado que se reproduce, y dentro de este mundo los de habla inglesa son de tomar en cuenta pero obviamente ¡son un poco menos civilizados! Nosotros, franceses, somos la mitad de la civilización del mundo, la buena, siendo los de habla inglesa, la otra, más o menos. En este panorama ¿qué representa México?

México representa algo distinto a partir de la Segunda Guerra Mundial: antes era un país difícil de penetrar, los gringos están ahí, los franceses muy poco, ellos están más establecidos en Brasil, algo en Argentina y ya… los demás son países de salvajes. En el caso de México, yo diría que los franceses entienden que hay algo importante porque durante la Segunda Guerra Mundial, Argentina está del lado malo y al contrario, México del lado bueno. En otoño del 44, Paul Rivet, el antropólogo que a la vez es un gran político de izquierda, convoca una conferencia de prensa para decir a la prensa mexicana que Francia va a fundar un Instituto Francés de América Latina (IFAL). Lo cuento, no voy a desarrollar el tema, pero vemos que se manifiesta esta visión de que México ya no es un país de bárbaros bajo el poder gringo, es una potencia. De México proviene el segundo director de la UNESCO, Jaime Torres Bodet[5]entonces eso es un país serio y hay que acercarse a México. También el otro nivel es que la densidad de escuelas de la Alianza Francesa[6] es quizás la mayor del mundo, en proporción a su población, es una red enorme en que puede apoyarse, además de los liceos franceses.

México es el país desde el cual en el ámbito teórico y en el fantasma, se puede adentrar a América Latina, este mismo concepto de América Latina inventado por los gringos durante la Segunda Guerra Mundial en sus geopolíticas propias.

Por otra parte, hay un nacionalismo francés muy ambiguo, antiamericano, que es igual de ambiguo que el nacionalismo mexicano; eso lo entendí leyendo a Brading y a Castañeda hijo, ellos saben decir cómo el nacionalismo mexicano muy profundo no impide que la relación privilegiada con Estados Unidos vaya de por sí. Es decir, las constituciones mexicanas del siglo XIX que sirven de pantallas, como sabemos, para la visión externa de la “democracia” pre porfiriana, porfiriana y post porfiriana resultan ser la fotocopia del sistema de Estados Unidos: no ponen en tela de juicio la conexión profunda, intima, entre México y Estados Unidos. Cuando volví a estudiar sobre Argelia observé lo mismo: a nivel de gobierno, a nivel de cierta opinión política, observé esta misma osmosis entre Argelia y Francia, es decir que a nivel de cierta opinión política hay una tensión, una hostilidad, pero, a nivel de la realidad vivida la relación es obvia; que sea entre México y Estados Unidos o entre Argelia y Francia es la misma osmosis.

FB: A partir de los años 70, ¿cómo se va desarrollando la movilidad académica y científica entre los dos países?

CB: Del lado francés hacia México muy pocos profesores, pero cada vez más y mucho más alumnos que van a nivel de maestría o algunos a nivel de doctorado. Van porque es fácil y barato, es un país donde se vive barato sobre todo en provincia, en lugares que no son grandes ciudades, donde con una visa de turismo uno va a donde se le antoja con seguridad, no hay raptos, no hay asesinatos… hay problemas de vez en cuando, cuento unos en mi libro, pero son mínimos en comparación de otros países y de lo que pasará después. Entonces es un país en el cual sin trámites complicados, con una carta de recomendación firmada por un decano, cualquiera puede viajar a los pueblos y decir “yo vengo a investigar y a entrevistar”: la manera de como contesta el cacique local casi siempre es “¿y Usted tiene dinero y viene por qué compañía?” y si dice que no… que haga lo que quiera, no interesa y punto ¡el tipo no es ni peligroso ni nada! Una facilidad que pocos países latinoamericanos ofrecen, solo algunos tienen buena seguridad y muchos están bajo mando militar; en México, la Seguridad Militar ahí está, claro que está, pero no se sabe y a la Seguridad no le interesan unos vagos medio hippies que viajan, eso es toda una época de estos años 70, 80, hasta que crece la inseguridad a partir del 90 y más allá. Del lado de mexicanos que van  Francia yo diría que es un movimiento cada vez más organizado de becados: Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) riega dinero, los becarios del Conacyt, de otras instituciones y también los becarios de Francia van para allá a hacer su doctorado; lo interesante a mi modo de ver –eso lo cuento un poco también- es el problema de que los mexicanos que vienen a Francia no siempre tiene los códigos. Claro que, en ciertas ramas científicas, el código es muy sencillo, en ciencias sociales es mucho más complicado.

En esta época es enorme el prestigio de la intelectualidad de izquierda francesa, de su tercermundismo, de su gusto por la teoría y los becados vienen a esta meca; esta meca está en Paría, no en provincia, y entonces yo, estando en Toulouse a partir del 73 vivo esta diferencia enorme: los que viene a Toulouse es porque no han podido ir a París. El otro gran problema es que, para lo mejor o para lo peor, el rollo teórico, el famoso marco teórico que, en muchos casos es rollo, ocupa la mayor parte del esfuerzo de la mayoría de los becados: ellos tienen una experiencia de su propio país, van a escribir sobre su propio país, tienen que sacar los códigos propios de los suyos y en vez de eso quieren entrar todo eso en el rollo que les parece tan prestigioso. Hubo un gran desperdicio con todo eso, aunque posiblemente menos en antropología que en economía y en sociología.

Muy pocos profesores mexicanos vienen a dar conferencias por el hecho de que no hay espacio en el sistema académico francés en esta época para profesores invitados o muy poco, y se usa entonces principalmente para la acogida de refugiados es decir chilenos, argentinos y brasileños. De todas maneras, un académico mexicano que quiere ser invitado para seis meses, un año, lo consigue barato, rápido, con sueldos mejores, en Estados Unidos; en Francia es mucha burocracia, mucha competencias con los argentinos y otros que son muy eficientes en su propio manejo, de tal manera que no hay muchos mexicanos. Tampoco van muchos franceses a México, pero la crisis y el boom petrolero hacen que las plazas en Francia cuesten mucho más a partir del 73, las plazas disponibles en México son muchísimas y la migración académica de gente que tiene un doctorado en Francia pero que no consigue plazas en el sistema burocrático de concurso por oposición va creciendo. Es decir que con el boom mexicano muchos que no consiguen una plaza de lo que llaman ahora “maître de conférences”[7] en Francia la consiguen en México con el mismo sueldo y un costo de vida más bajo.

FB: En sus estancias profesionales en México ¿con cuáles instituciones e investigadores estaba Usted en relación?

CB: De cierta manera fue muy poco por una razón que es la situación del gremio mío de geógrafos: la geografía “a la francesa” es una geografía social, la mía por lo menos, una geografía social que es un coctel, una mezcla de lo que llaman antropología social en el CIESAS (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social). De cierta manera ahí era el mejor contacto con Ángel Palerm y otros; en cambio, con los geógrafos de la UNAM, era muy difícil porque to no sabía vender la tecnología que querían, yo no sabía nada de computadoras de la época, no era un hombre de cálculo, ni de estadísticas, sino la cosa más burda del mundo que claro lo sabía, pero no más allá. No sabía producir mapas y todavía menos mapas hechos por cómputo. Hay que recordar que eso empieza a principio de los 80, la computarización de la cartografía, entonces yo no servía para nada para ellos. Cuando les hablaba de lo que hacía me contestaban de modo muy cortés que todo era muy interesante y muy exótico, pero no iba lejos pero, cuando estaba con los antropólogos, había un verdadero diálogo científico. Pero sea como sea, los gremios funcionan, yo no era antropólogo, no podía transformar a nadie en doctor en antropología. El caso típico es que yo me fui a dar clase en 80 al Colegio de Michoacán a alumnos de historia y de antropología, con los alumnos de historia había buen diálogo, pero les daba una cultura general, no especializada y con los antropólogos había un verdadero diálogo.

No es por casualidad que dos antropólogos de Guadalajara, mexicanos de adopción, Patricia Arias y Jorge Durand, vinieron a hacer su doctorado en Toulouse en el rubro de geografía; ¿dónde les conocí? en Zamora, Michoacán… entonces era un circuito, pero desviado y con la dificultad de que en la Universidad de Toulouse Le Mirail[8], había una profesora única de antropología social, digamos “hospedada” en la sección de sociología. No había manera de entrar en un sistema de antropología social en Toulouse entonces había que disfrazarse y así fue para mí; cuando mandaba alumnos a México que hacían su maestría o doctorado, la entrada institucional fue un poco el CIESAS, la UNAM… y si se podía  conseguir algún dinero era del lado del CISINAH, que no era el CIESAS todavía.

Para mí, la investigación en México fue principalmente durante la primera estancia. Después ¡yo ya era un cacique que reciclaba temas! pero investigación de primera mano después del 73 muy poco, mi trabajo era esencialmente mandar alumnos, impartir conferencias, participar en eventos académicos, etc.

FB: En los años 80, aparte de las que ya mencionó, ¿estaban presentes otras instituciones de cooperación académica y científica francesas?

CB: Había una cosa importante pero también heredera del sistema postcolonial, que tuvo un gran impacto, es cuando lo que llamaban ORSTOM (ahora IRD)[9] empezó a instalarse en América Latina: el ORSTOM, digamos el pre-ORSTOM, nace quizás antes de la segunda guerra mundial para África Negra, al sur del Sahara, pero se consolida realmente a partir de los años 46-47.

Es el sistema que se instala a medida que se autonomizan o independizan los países africanos el ORSTOM es la ciencia francesa en negociación totalmente desigual con los nuevos países, con una visión desarrollista. Los programas no son de ciencia en sí,                sino de ciencia para el desarrollo: es la visión clara del ORSTOM. Es el gobierno de Mitterrand (1981) que decide que el ORSTOM ya deja de ser únicamente post-colonial en los territorios de habla francesa y negocia, primero en Brasil, si no me equivoco, quizás en  países andinos también, que tenían una situación más cercana a la situación colonial y en México, en 82.

FB: En la siguiente década, la creación de los programas ECOS participa de la formalización de la cooperación científica entre Francia y México ¿nos podría hablar de estos programas?

CB: Sí, claro…en Francia la idea de…como decir… de dejar el plan de la cooperación que consistía en mandar gente a estos países que necesitan civilizarse y recibir a unos que también lo necesitan, para llegar a la visión de realizar acuerdos de un cierto  nivel de igualdad. Eso viene de los ochenta; los programas ECOS[10] se crean a finales del 92, y la visión de una organización internacional, pareja, culmina alrededor de 1990 y tanto.

Yo veo que mis apuntes sirven: el primer programa ECOS es para Chile en 93 y 93 es el Chile democratizado. Antes, si no me equivoco, el equivalente que se llamaba COFECUB[11] empezó para Brasil en 1979 y no es una casualidad: Brasil siempre es importante para Francia, se sabe que hay posibilidades que no hay en México, porque en México, cuesta más frente a la competencia con Estados Unidos. Entonces empiezan en Brasil y se pensó que se podría hacer un programa ECOS con Argentina solamente en 97, empezó quizás en 98; entonces eso es realmente el sistema equiparado que para mí fue aprender mucho. Los primeros programas ECOS franco-mexicanos se hacen por pedido de la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior) que no quería ningún programa sin la participación de universidades de provincia mexicanas: si es solo en la ciudad de México lo que quiere Francia, no, si hay algo en la ciudad de México, algo en una universidad de provincia, algo en Francia, sí, y con prioridad a la  formación de doctores: eso era muy claro.

FB: ¿Nos podría hablar de su experiencia como miembro del comité de selección de ECOS?

CB: Sí, ya estaba entonces a punto de jubilarme… ¡Por eso me sirven estos apuntes que tienen 20 años!  Me di cuenta, dentro del comité de selección de ECOS, de que nosotros en ciencias sociales teníamos una tradición del individualismo del profesor y su alumno, una visión muy poco organizada de cómo hacer proyectos en el sentido de manejar una colectividad con reglas, manejar el tiempo con plazos fijos y manejar el dinero que no sirve para cualquier cosa sino por unas cosas precisas; entonces ni yo ni muchos de mis colegas en ciencias sociales, teníamos idea de eso y la primer reacción frente a los programas ECOS era “esta burocracia de las ciencias duras nos parece indecente”… ¡no soportábamos eso! Y no digo que todo el sistema burocrático de las ciencias duras es bueno porque se sabe muy bien que tiene sus vicios que van creciendo. Los programas enormes cada vez más burocráticos en los cuales la supuesta producción académica en revistas selectas de nivel internacional 100{035cf0615fab444c9acfab323182309fb8113ccd508c21e552aa52a79aa847c5} en inglés, son un desastre en ciencias sociales y los de ciencias duras saben que también van rumbo a un desastre; va creciendo la crítica respecto al hecho que se gestiona el dinero y no la verdadera innovación y los verdaderos canales de innovación. Pero, en ciencias sociales, falta la visión  de un mínimo  de organización,  muchos todavía ahora piensan en término de “yo soy el maestro con M mayúscula y tengo mi alumno preferido que me va suceder cuando voy a jubilarme y fuera de eso no hay cosa interesante y si un programa organizado es para acaparar, eso es lo que quiero”, es muy difícil tener la capacidad de organizarse realmente, de hacer pequeñas unidades de gente que detectan adonde está lo nuevo.

Lo que me parece importante es eso: porque yo vivía en el medio de las ciencias sociales en el cual todavía el individualismo caciquil era muy fuerte y no creo que haya desaparecido, totalmente por lo menos, en el sistema de ciencia organizada por proyectos descubrí cierta capacidad que desconocía. Lo que descubrí con los de ciencias duras es que tenían una mezcla de camaradería y de dureza que me impresionaba, es decir: para ellos en aquel tiempo tronar un proyecto sabían hacerlo de manera fabulosa: “fulano es doctor, es catedrático, lo que sea, nomás veo que cuando presentó su doctorado, en el jurado, no hubo unanimidad y que había ciertas críticas, Usted me dice que hay que promoverlo al grado superior, pero tengo muchas dudas” ¡eso en ciencias sociales nunca! Tenían capacidad de tronar al enemigo, pero había también un cierto grado de camaradería: “bueno, claro, nosotros que hemos entrado en la escuela de física en tal año somos camaradas o los que hemos entrado en tal año en matemáticas en la Escuela Politécnica, somos camaradas, para siempre…” una combinación  más difícil de organizar en ciencias sociales. Es lo que me enseñaron. Y también, parece mínimo decirlo pero no, no lo es: en estos programas ECOS había de todo, matemática, física, biología, psiquiatría, medicina, sociología; los de ciencias duras tenían tres cuarto del pastel mientras que nosotros en ciencias sociales poníamos programas donde era difícil reunir cuatro personas, dos de cada lado y cierta cantidad de dinero. Ellos proponían un grupo de cinco veces más gente y de diez o quince veces más dinero; entonces ellos se repartían el pastel tranquilamente y yo trataba de abogar diciendo: “pero este tema es socialmente muy importante” no decía “este grupo es fabuloso” porque era mínimo, era chiquito, no era nada, sino “este tema es  muy importante” y de vez en cuando los de ciencias duras decían “ah eso sí es muy interesante, piden tres mil euros, vamos a darles tres veces más”. Eso lo recuerdo como la distancia entre las ciencias duras y las ciencias sociales que aprendí en el sistema ECOS. Yo insisto un poco porque creo que es importante entender la máquina académica: entre medicina y grandes laboratorios de química por un lado, la demanda de física nuclear o de química orgánica o de todas estas grandes ramas de la ciencia dura en comparación de las ciencias sociales, no es el mismo mundo. Tenemos que convivir mejor, quedarnos aparte en nuestra pequeña isla es absurdo, hay que aprender la convivencia y yo diría que es un poco lo mismo a nivel internacional: no hay que pensar que el costumbrismo gremial de nosotros mexicanos o de nosotros franceses es el ombligo del mundo.

FB: En algún momento, Usted ha hablado del “bricolaje” en la construcción de proyectos comunes, de metas científicas: ¿piensa que en una actualidad de la investigación tan diferente puede persistir esta parte de relaciones personales, de amistad?

CB: Yo diría que es la pregunta fundamental y con mucha dificultad para contestar porque… yo creo que en ciencias sociales las buenas preguntas muy a menudo no se pueden hacer de frente, por eso el “bricolaje” sirve; es decir que  hay muchas cosas que se callan pero hay que decirlo: no se pueden decir. Entonces no se escriben en proyectos formales sino que se conversan y en eso es muy difícil decir si se conversaba mejor hace quince años que ahora, eso francamente no lo puedo contestar. Yo creo que afortunadamente la gente no es ni mucho peor que antes ni mucho mejor desde este punto de vista y que son situaciones que siguen existiendo, que dependen de redes de confianza y en eso sigue la amistad en muchos aspectos.


[1] L’Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (EHESS), Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales toma su origen en la transformación, en 1975, de la sexta sección de ciencias económicas y sociales de l’Ecole Pratique des Hautes Etudes,  Escuela Práctica de Altos Estudios. (https://www.sorbonne.fr/etablissement/les-grands-etablissements/ecole-des-hautes-etudes-en-sciences-sociales-ehess/ )

[2] Antoinette Nelken-Tener (1931-2012), especialista en derecho marítimo y arqueóloga [para mayores informes ver Garcia Cook A., 2013, In memoerian, Arqueología, n.46].

[3] El antropólogo François Lartigue (1942-2014) http://antropologia.academia.cl/noticias/la-escuela-de-antropologia-expresa-su-mas-hondo-pesar-por-la-muerte-del-destacado-antropologo-francois-lartigue.

[4] Guy Stresser-Pean, etnólogo (1913-2009).

[5] De 1948 a 1952: http://www.unesco.org/new/fr/unesco/about-us/who-we-are/director-general/the-organization/the-directors-general/

[6] Las primeras Alianzas Francesas abren en 1884 en Barcelona, en Senegal, en la Isla Mauricio y en México: http://www.fondation-alliancefr.org/?cat=538

[7] “Maestro de conferencias”, grado de profesor-investigador de una universidad.

[8] Université de Toulouse le Mirail, actualmente Université Toulouse Jean-Jaurès, especializado en letras, artes, lenguas, ciencias humanas y sociales, y ciencias.

[9] Office de la Recherche Scientifique et Technique Outre-Mer (Oficina de la Investigación Científica y Técnica de Ultra-Mar) ahora Institut de Recherche pour le Développement (Instituto de Investigación para  el Desarrollo).

[10] Evaluation-orientation de la Coopération scientifique (Evaluación-orientación de la Cooperation Scientífica): programa que apoya proyectos de colaboración científica y universitaria con países hispanohablantes de América. http://www.cnrs.fr/insmi/spip.php?article656

[11] Comité Français d’Evaluation de la Coopération Universitaire et Scientifique avec le Brésil (Comité Francés de Evaluación de la Cooperación Universitaria y Científica con Brasil): fue creado en 1979 para la gestión y evaluación del mayor programa de cooperación en materia de formación e investigación entre Francia y Brasil. http://www.univ-paris13.fr/cofecub-ecos/cofecub


Para ir más lejos:

  • BATAILLON, Claude (2003) “Pratiquer l’Amérique Latine. Des années 1960 aux années 1990” en  L’Ordinaire Latino-américain 191, janvier-mars 2003, IPEALT, Université de Toulouse-Le-Mirail,
  • BATAILLON, Claude (2008) Un geógrafo francés en América Latina, cuarenta años de recuerdos y reflexiones sobre México, el Colegio de México, el colegio de Michoacán, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos. México.

Texto disponible en PDF: Entrevista-ClaudeBataillon

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