Condiciones de formación y capitalización de redes académicas en sociología en México.

Reseña

 

Góngora Jaramillo, Edgar (2014). Condiciones de formación y capitalización de redes académicas en sociología en México (Tesis de Doctorado). Departamento de Investigaciones Educativas, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, 334p.

 

 

Por: Fabiola Sánchez Correa[1]

 

En su estudio, Góngora analiza cuáles son las condiciones que posibilitan la configuración de redes en un grupo de académicos de sociología con carreras exitosas, posicionados en diferentes instituciones de educación superior en la ciudad de México y en Morelos.

El autor define las redes académicas de los sociólogos como “relaciones sociales flexibles, temporales, operativas, integradas y sustentadas en la funcionalidad de lazos débiles” (p.295): estas se organizan en torno a dinámicas de trabajo colaborativo que los académicos establecen a lo largo de sus trayectorias, con el fin de lograr objetivos comunes y funcionan “como un mecanismo desterritorializado de producción, circulación, y en algunos casos, transferencia de conocimiento” (p. 263).

La postura teórica del autor permite entender la relación entre las estructuras sociales y la acción de los actores: si bien, en ella, las primeras determinan, presionan y acotan la acción, los actores ponen en juego estrategias que tienen un impacto a nivel estructural. En ese sentido, el autor hace uso de la perspectiva de Bourdieu acerca de cómo los agentes realizan estrategias derivadas de su sentido práctico, en las que estos aparentan obedecer las reglas sociales. De esa forma, el autor identifica en su investigación las estrategias de los actores y como estas nutren una reconfiguración de las estructuras sociales que, asimismo, presionan y acotan su acción.

Góngora sitúa, como abstracción general en la configuración de redes o como contexto macro que determina la acción de los académicos, la sociedad global del conocimiento. Encuentra que, en el trabajo científico contemporáneo, existe una necesidad creciente de vinculación en red. Así, se combinan las nuevas tecnologías que incrementan la interacción y, por lo tanto, los flujos de intercambio de información con las luchas de los actores por posicionarse en los campos académicos. Dichas acciones estratégicas por el posicionamiento no corresponden únicamente a disposiciones individuales sino que están operadas a partir de las ubicaciones específicas (nacionales e institucionales) de los actores, las cuales posibilitan o imposibilitan el flujo o la intensidad de la transferencia de información y conocimiento en red.

El autor discute, por lo tanto, enfoques que ponen énfasis en  el estudio de las redes describiendo la propia red, su articulación o  sus resultados, es decir, analiza las perspectivas estructuralistas y funcionalistas aplicadas al estudio de redes. En cambio, enfoca su investigación propia en momentos específicos de las trayectorias que resultaron significativos en la experiencia de los académicos para comprender las condiciones de configuración de sus redes.

El cuerpo empírico de la investigación estuvo formado por un conjunto de entrevistas realizadas a académicos de sociología con variedad de experiencias en sus trayectorias. Un factor clave de esta investigación fue la selección de académicos que tuvieran el grado de doctorado, pues esa variable facilitó la integración metodológica de la investigación con sus referentes teóricos de posicionamiento académico.

La edad de los académicos entrevistados, otra variable clave de la investigación, osciló entre los 37 y los 77 años. De acuerdo al autor, la distancia entre edades es relevante en tanto permite verificar si, en efecto, la edad de los académicos resulta importante o no para la configuración de redes de trabajo académico. En este aspecto, la investigación muestra que la edad debe analizarse cruzada con el factor de acumulación de méritos académicos porque, sólo así, es posible explicar la existencia de redes extendidas aun en edades tempranas en el caso de algunos académicos de la sociología.

En el capítulo uno, Góngora revisó los aspectos centrales de la organización científica y el énfasis puesto a la formación de redes, tanto en el ámbito mexicano como a nivel internacional. Con base en el uso de amplia literatura, ubicó los principales aspectos de la división internacional del trabajo científico; en consecuencia, se planteó desarrollar su estudio considerando aspectos geográficos e identificando relaciones académicas de tipo Norte-Sur, sustentado en la noción de centros y periferias científicas.

El capítulo dos se centra, en una perspectiva socio-histórica, en explicar cómo las redes académicas, en sociología, resultaron fundamentales para la institucionalización de esa disciplina en países receptores como México. En este país, la sociología se institucionalizó a través de conocimientos que replicaron en el país diversos actores que estudiaron en países faro de la sociología durante el Porfiriato, época en la que existió un intenso interés por institucionalizar la ciencia en México. Ese interés propició, durante el movimiento armado de 1910, un nuevo viraje cuando distintos actores académicos de la época buscaron conocimientos útiles para la construcción del nuevo estado post revolucionario.

Aunque los actores pioneros de la sociología en México “importaron” algunas  tradiciones de pensamiento de los países centrales, las propias necesidades del país, el contexto diferenciado y los grandes problemas locales, reconfiguraron el pensamiento sociológico en el país, por lo que no puede decirse que existió una asimilación mecánica de los contenidos desarrollados en los países centrales sino que se crearon nuevos planteamientos en la disciplina de acuerdo al contexto local.

Góngora muestra que la institucionalización de la disciplina en México está ampliamente conectada con el establecimiento de redes con los polos disciplinarios, tales como Francia, Estados Unidos e Inglaterra. La perspectiva sociohistórica de este capítulo facilita comprender la importancia fundamental de las acciones estratégicas realizadas por los académicos para conectarse con pares, integrarse a dinámicas colaborativas, movilizar recursos institucionales bajo las presiones de una estructura científica internacional basada en “asimetrías fundadas en la división de trabajo académico Norte-Sur” (p. 85). Por tanto, el autor demuestra el temprano establecimiento de relaciones académicas internacionales que contribuyeron a la consolidación de la sociología en México.

En el capítulo tres, Góngora pone en juego su perspectiva teórica. En este capítulo, observa la relevancia de la interacción entre estructuras sociales y la acción de los actores. Así, toma como condiciones fundamentales en la conformación de redes de trabajo entre los sociólogos las categorías de tiempo, acumulación y espacio.

La categoría de tiempo es utilizada por el autor para referirse a las circunstancias específicas en las que lo diacrónico juega un papel relevante en las trayectorias de los académicos, como factor condicionante para la conformación de redes. Desarrolla las nociones de tiempo biológico y tiempo académico, con el objetivo de explicar cómo el tiempo biológico se relaciona con las trayectorias y los logros académicos de los actores.

El autor indica que es importante dividir a los académicos en grupos etarios: jóvenes, maduros y mayores. Muestra que en México, a partir de 1990, las instituciones de educación superior comienzan a aplicar como requisito para entrar a la profesión académica la obtención de un grado de doctorado. Hasta antes de esa fecha, el grupo del rango etario de mayor edad no necesariamente contaba con un doctorado, incluso pese a haber sido contratado y hacer investigación. Sin embargo, en la actualidad, los académicos mas jóvenes se han acoplado a los modelos de regulación de la profesión académica: ello ha significado que la posesión de un doctorado sea cada vez más “la puerta de entrada a la profesión académica”. Esto no es un dato casual, pues el autor señala que existe una impasse entre los académicos mayores y los jóvenes, misma que deriva de sus formas diferenciadas de socialización y, por lo tanto, de sus capacidades diferenciadas para la formación de redes académicas.

También el tiempo es un factor relevante respecto a las decisiones de los académicos en lo que respecta a los motivos para profesionalizarse. Los académicos mayores, en la investigación de Góngora, decidieron profesionalizarse para participar en los debates políticos y sociales desde la academia, mientras que los académicos jóvenes lo hicieron por razones propiamente académicas y, desde allí, buscaron incidir en las problemáticas sociales.

La categoría de acumulación, por su parte, le permite explicar cómo los académicos aplicaron ciertas estrategias para obtener reputación, posicionándose como autoridades en un campo de conocimiento. Esto requiere de la acumulación de méritos académicos, pues como indica el autor “la participación en redes implica la pertenencia legítima a un campo y esa pertenencia involucra estrategias de posicionamientos y de visualización” (p.173).

La acumulación se refiere principalmente al número de publicaciones, tanto en revistas nacionales como internacionales, la publicación de libros, la presentación de trabajos, la dirección de tesis, a las que el autor confiere una enorme relevancia en tanto los académicos expanden sus perspectivas teóricas en función del alcance profesional que logren sus estudiantes. Un aspecto reconocido por Góngora es el de la acumulación de méritos por coordinación de proyectos de investigación,  desempeño de cargos de autoridad y pertenencia a comités editoriales. En ese sentido, señala que “la construcción de capacidades para el trabajo académico colaborativo y la movilización de capitales fundados en la acumulación de logros, proporcionan a los académicos visibilidad y liderazgo en los espacios disciplinarios nacionales e internacionales en los que participan, lo que es condición de posibilidad para la configuración de redes” (p.187).

El espacio, última categoría tratada en el tercer capítulo, sirve al autor para explicar cómo la articulación académica en red tiene dos fases: una territorializada, en la que los académicos llevan a cabo acciones situadas a partir de un centro de adscripción en una institución de educación superior; otra, desterritorializada,  incluye acciones en el espacio que implica la articulación en red. Esta desterritorialización es facilitada por las nuevas tecnologías de información y la movilidad física, pero explica como  la acción situada continua siendo el “centro neurálgico” donde se ubican los nodos.

El trabajo académico territorializado implica confluencias temáticas,  similitudes de enfoques y la formulación de objetivos concretos para el trabajo colaborativo. Por su lado, la desterritoralizacion implica la movilización de recursos, ideas y conocimientos con pares ubicados en otras instituciones o en otros países.

La categoría de espacio no sólo fue abordada a través del análisis de la institución de adscripción de los académicos, sino que otorga una importancia fundamental al país en el que trabajan esos actores, es decir, a la región del mundo a la que pertenecen. De acuerdo al autor, para entender la conformación de redes en México, debe tomarse en cuenta que es un país con un desarrollo científico medio, en un contexto disciplinario periférico con respecto a la división internacional del trabajo sociológico.

Conforme con ese ángulo, recurre a la noción de espacio para hacer hincapié en el patrón de centros y periferias científicas imperante en la actualidad, el cual se caracteriza por una estructura de intercambio asimétrica “que se expresa en la concentración de Estados Unidos y Europa Central en la publicación de artículos de ciencias sociales registrados en las bases de datos de mayor peso internacional, en la invisibilización de la producción académica del sur y la continuidad de esquemas de colaboración Norte-Sur basado en la hegemonía de los centros disciplinarios sobre las periferias” (p. 205).

En el capítulo cuatro, Góngora identifica siete tipos de redes a partir del análisis de las experiencias de los académicos entrevistados. Recurriendo a las categorías de tiempo, acumulación y espacio, el autor desarrolla cuatro estudios de caso.

Uno es el de la red en Estudios Laborales, la cual tipifica como un ejemplo de formación de redes a partir de un líder legítimo, en torno al cual se aglutinan diversos académicos interesados en crear una nueva corriente de pensamiento sobre los Estudios Laborales en México. Esta red tuvo como objetivo la construcción de hegemonía académica, es decir de posicionamientos de puntos de vista en el debate sobre los estudios laborales; dio como resultado la consolidación de la disciplina y una muy diversificada e influyente producción científica.

La segunda red estudiada por Góngora es una red sobre Etnicidad y Conflictos en América, formada para generar conocimiento sobre problemáticas étnicas en diferentes países de América. Lo que caracteriza centralmente a esta red es su marcado interés por crear conocimiento que sirva de apoyo para la acción colectiva de los pueblos indígenas, es decir, que trascienda el espacio de las academias para convertirse en un conocimiento que potencie las negociaciones y que de herramientas a los actores sociales de los grupos étnicos.

En esa misma línea, el autor documenta el tercer caso, que es una red denominada Pro-Regiones, la cual surge específicamente con el fin de generar conocimiento que sirva para enfrentar las problemáticas sociales en el sentido práctico. Pro-Regiones se diferencia de la red de Etnicidad en que sus resultados se materializaron en la transferencia directa y expresa de conocimientos hacia los actores no académicos, desde una perspectiva heredada de la intervención sociológica propuesta por Alain Touraine.

Por último, Góngora analiza una red de posgrados con temas en investigación sobre Educación Superior. Esa red  tiene como elemento distintivo el que se consolida en torno a un campo de investigación compartido por los miembros de la red dispersos institucionalmente: persigue el objetivo de socializar académicamente a las nuevas generaciones de investigadores dedicados al estudio de la educación superior.

En el último capítulo, el autor se centra en los efectos de las redes a partir del análisis de la experiencia de los actores en los ámbitos disciplinario, institucional, económico y social. De acuerdo a sus hallazgos, la capitalización de redes resulta en un mayor posicionamiento disciplinario e institucional de los académicos: por lo tanto, aunque las redes se forman a partir del posicionamiento relevante alcanzado por los actores, las redes que configuran los reposicionan en sus diversos campos. En  el campo disciplinario de la sociología, la capitalización incide en la visibilidad académica que alcanzan los actores y en la expansión de su influencia académica. Así, las redes académicas funcionan, a un mismo tiempo, como condiciones de visualización y como efecto del posicionamiento individual o colectivo.

Entre los efectos más importantes acarreados por las redes en los espacios de adscripción institucional de los diferentes actores situados localmente, se encuentra la identificación con otras tradiciones de pensamiento y su incorporación a las realidades locales en función de las especificidades contextuales. También la circulación de conocimientos tiene como consecuencia la legitimación y posicionamiento de líneas de investigación.

Las redes tienen un efecto importante en lo que concierne a los estudiantes que se adscriben a las líneas de investigación encabezadas por los actores entrevistados, ya que Góngora documenta como estos tienen la oportunidad de integrar conocimientos adquiridos mediante transferencias durante la colaboración en red, de participar en movilidades académicas y de ser incluidos en las investigaciones realizadas en red.

Con base en lo expuesto, la investigación de Góngora presenta un interesante análisis respecto a cuáles son las condiciones de configuración y cómo se forman las redes académicas en sociología en un país como México. Su trabajo se centra en la recuperación de la experiencia de los académicos, pero muestra que la acción de esos actores no depende de disposiciones individuales, sino que los académicos cumplen y utilizan a su favor una serie de reglas institucionales que les permiten a su vez consolidar sus objetivos académicos y personales, como son concretar posiciones teóricas o incidir en las problemáticas sociales. Las redes les permiten, en ese sentido, posicionarse como actores clave en los campos académicos, proyectarse a nivel nacional e internacional, construir proyectos de investigación con mayores grados de complejidad que involucren fenómenos de mayor amplitud. No obstante, estos objetivos se consolidan a partir de que los actores logren posiciones relevantes dentro de los espacios de adscripción laboral. Su ocupación depende de la acumulación de méritos académicos que, de acuerdo a las reglas del juego, se traducen en un número importante de publicaciones, de direcciones de tesis, de las relaciones que se establezcan con el paso del tiempo y de la afiliación a  una especialidad que los faculte como expertos. Es decir, el posicionamiento es importante en tanto dota a los académicos de capitales y autoridad para recibir, por ejemplo, financiamientos institucionales y así insertarse con mayor facilidad en redes académicas nacionales e internacionales.

Otro aporte de la investigación es la demostración de que si bien la sociedad informatizada facilita la conexión entre los diferentes actores, las redes se establecen a partir de relaciones cara a cara, mediante estancias de investigación realizadas con recursos institucionales o con la obtención de recursos mediante medidas estrategias por parte de los académicos, aunque estas movilidades en general han seguido pautas espaciales de tipo Sur-Norte. Ello demuestra que, en las relaciones científicas internacionales, subsiste la estratificación y asimetría tanto en la circulación de conocimientos como en la publicación de artículos científicos y en la construcción de redes internacionales.

Una conclusión relevante a la que llega el autor es que la conformación de redes se establece a partir de la acción estratégica de los académicos, ya sea en forma individual o grupal pues, en México ni las instituciones ni los gobiernos fomentan o incentivan adecuadamente la configuración de redes académicas, aunque el diseño de políticas públicas sectoriales indique, discursivamente, una importancia fundamental a las mismas.

Los aportes de esta investigación invitan a reflexionar sobre la relevancia actual de las redes académicas en el campo de las ciencias sociales. Para los interesados en la sociología y para quienes forman parte de ella, este trabajo puede ser un material provechoso para conocer aspectos, hasta ahora poco atendidos, de las dinámicas contemporáneas de colaboración académica sociológica.

[1] Maestra en Estudios Sociales por la Universidad Autónoma Metropolitana, en México. Correo electrónico: lapusbaf@hotmail.com


Reseña elaborada en el marco de la Red sobre Internacionalización y Movilidades Académico Científicas (RIMAC), Proyecto CONACYT No. 260402.

Texto disponible en PDF: ResenaGongora

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *