Agenda de investigación y políticas públicas sobre internacionalización: Entrevista al Dr. Leandro Rodríguez Medina.

Entrevistadora: Ana Fernanda Fraga Salgado[1]

fernanda.fraga@cinvestav.mx

14 de marzo de 2018

 

FF: Hola Doctor, buenas tardes ¿Podría presentarse?

LR: Claro, mi nombre es Leandro Rodríguez Medina. Soy profesor asociado en el Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP). Estoy aquí en la UDLAP desde el 2009 de tiempo completo. Soy investigador del Sistema Nacional de Investigación (SIN) nivel I desde el 2011. Soy Doctor en Sociología por la Universidad de Cambridge, tengo Maestrías en Epistemología por la Universidad de Tres de Febrero en Argentina y en Filosofía por la Universidad Estatal de Nueva York. Soy Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano, en Argentina.

He participado en algunos proyectos de internacionalización, tal vez los más relevantes son: un proyecto financiado por la Unión Europea dentro del Séptimo Programa Marco que se llamó Cooperación Internacional en las Ciencias Sociales y las Humanidades donde participaron el CNRS (Francia), Universität Graz (Austria), Universitá di Bologna (Italia), Erasmus Universiteit Rotterdam (Países Bajos), John Wesley Theological College (Hungría), CONICET (Argentina), y la University of Cambridge (Reino Unido). Yo quedé afiliado al grupo de Cambridge, del Departamento de Sociología. El actual proyecto en el que estoy trabajando es con la Dra. Hebe Vessuri y concierne la internacionalización de las ciencias sociales en México. Es un proyecto financiado por CONACYT desde el 2015 y termina este año. Estamos preparando como creo casi todos los científicos en el país, en este momento, una aplicación al programa de ciencia básica del CONACYT para darle continuidad a estos temas con otros ángulos. Eso me parece lo más relevante. Dos cosas más que tienen que ver con lo internacional: negocié y coordino un programa de movilidad de profesores entre la Universidad de Cambridge y la Universidad de las Américas Puebla que se lanzó en el 2016, así que va por su tercer año. Lo otro es que desde el 2017 soy el Editor en Jefe de una revista publicada por Taylor and Francis que se llama Tapuya: Latin American Science, Technology and Society: es una revista de estudios de la ciencia y la tecnología desde América Latina a pesar de estar este global publisher atrás. El consejo o el equipo editorial están en América Latina y están compuestos por latinoamericanos y gente de otras partes del mundo de manera relativamente proporcional. Recibe financiamiento de la Universidad de California Los Ángeles  (UCLA) a través de tres de sus áreas: Luskin School of Public Affairs, Graduate School of Education and Information Studies y el Latin American Institute. Esos son los proyectos en los que estoy de alguna u otra manera tocando lo internacional.

FF: Perfecto Doctor, muchas gracias ¿Desde hace cuánto tiempo pertenece a la RIMAC y cuál ha sido su experiencia como miembro de la Red?

LR: Es una buena pregunta. En la RIMAC formalmente creo que estoy desde el 2016, te lo puedo checar. A mí me parece uno de los emprendimientos más sólidos en materia de internacionalización en el país, no sólo por la labor que ha venido haciendo la Dra. Sylvie Didou sino por lo que significa poder estar en comunicación la gente que estamos trabajando en esto. Posiblemente me enteré de la gente que compone la RIMAC en un evento que se organizó en el CINVESTAV en el 2012, si no recuerdo mal, y ahí había una presentación y recuerdo que nos fuimos a comer después de la presentación con varios profesores: uno de ellos era Eduardo Remedí con el que estuve charlando y me dijo que le parecía que tenía que sumarme a las cosas que estaban haciendo y ahí quedó un vínculo con gente con la que hemos publicado algunas cosas. Estuvimos trabajando recientemente en un libro que acaba de salir sobre internacionalización con Rosalba Ramírez García. Eso ha sido el vínculo. Para mí es muy positivo estar conectado con la Red; la Red me ha tenido al tanto de publicaciones o presentaciones de miembros en distintos eventos. Y la verdad que encuentro tanto su sitio web como el hecho de pertenecer algo muy enriquecedor.

FF: A partir de sus proyectos y líneas de investigación ¿cuáles serían los principales temas a desarrollar para proponer una agenda de investigación sobre internacionalización?

LR: Parte de lo que ha hecho gente de la RIMAC, especialmente Sylvie, es algo que hay que seguir haciendo: no sé si ella va a querer seguir haciéndolo siempre o no, que es analizar y mantener actualizada información sobre movilidad. La movilidad de las personas va a ser uno de los temas, ya es, pero va a ser uno de los temas centrales de la internacionalización. En ese sentido la labor hecha es inmensa y es uno de los pocos lugares a los que uno puede recurrir para datos cuantitativos serios y eso, aún para los que trabajamos más cualitativamente, es un punto de partida importantísimo. Si no uno no sabe si está hablando de un fenómeno marginal, de un fenómeno general para el país. Gracias a las investigaciones como las de Sylvie, uno puede distinguir el papel de las universidades privadas en la recepción de estudiantes internacionales pero a la vez, también, el papel de las universidades públicas en la formación de becarios de CONACYT afuera, es decir, la formación de grado de gente que después tiene becas CONACYT, etc. Hay mucho conocimiento que emerge muy rápido una vez que se tienen esos datos: lo que pasa es que conseguir esos datos no es para nada fácil. Entonces, creo que la movilidad de personas, de alumnos, de académicos es un tema central de la internacionalización y lo va a seguir siendo. Otro tema que para mí es clave es el de las tecnologías, tal vez porque en algún sentido, se presenta casi como contradictorio “ya no es movernos si no comunicarnos” y yo creo que es más complejo el asunto.

Las tecnologías en algún punto facilitan la comunicación. Otras tecnologías facilitan el transporte, pero creo que lo interesante y lo que falta explorar es cómo las tecnologías reconfiguran prácticas de investigación, prácticas de producción del conocimiento. Si finalmente lo único que va a cambiar las tecnologías es el tiempo entre que mandamos un e-mail y conseguimos una respuesta, que es muchísimo menos que mandar una carta y tener una respuesta, me parece que es bastante poco trascendente, a esta altura, en 2018. Tal vez en 1995 eso era algo muy llamativo, hoy no lo es. El punto es cómo las tecnologías sirven, por ejemplo, para escritura colaborativa, para compartir información, para abrir datos de investigación y cómo eso puede o no estar produciendo cambios en las prácticas de producción de conocimiento. Ahí hay otra área de oportunidad para los que trabajamos internacionalización.

En lo personal, a mí me interesa una tercera dimensión que es la circulación del conocimiento, la circulación de las ideas. Ahí hay otro ámbito donde la internacionalización y la gente que hace esto tienen cosas para decir. Como las ideas se tienen que materializar ya sean en objetos o en personas que se desplazan a veces quedan supeditadas a estos otros problemas. Los trabajos sobre la movilidad de personas siempre me interesan, pero siempre me queda el sabor de boca de decir “Ok, toda esta gente se mueve pero ¿qué producen en términos de movimiento de ideas? ¿Qué cambia después de que una persona obtiene un doctorado en Alemania o se forma con una beca posdoctoral en Estados Unidos? ¿Qué trae? ¿Qué perdió el país en  términos de ideas si uno lo quiere ver de una manera más pesimista?” Ahí hay otro aspecto de la internacionalización que es incipiente y que es bastante difícil de rastrear, porque uno puede hacer un análisis de publicaciones y de co-tutorías. Sin embargo, por momentos, creo que esa es una reducción. Es como decir “la internacionalización son nuestros becarios afuera y los alumnos que recibimos y los profes que van y los profes que vienen”. Sí, pero eso es sólo una dimensión de la internacionalización.

Aquí igual, la coautoría es una dimensión de la internacionalización de conocimientos, pero hay otras dimensiones relacionadas con las prácticas. Cada vez hay más estudios sobre las conferencias académicas como objetos de estudios, qué tipo de dinámicas produce una conferencia académica que uno no encuentra si se queda en su cubículo y manda e-mails a otras personas; algo tiene que haber ahí que no hay en otras prácticas. También en términos que te contaba de compartir información ¿cómo fluyen las ideas? Vamos a poner un ejemplo: es fácil mandar información relacionada con casos de estudio o con datos de campo; sin embargo, los estudios de la ciencia han probado y siguen comprobando que hay una cierta direccionalidad de los flujos de conocimiento; es decir, las periferias suelen producir datos y los centros suelen producir esquemas de pensamiento. Uno podría pensar que las nuevas tecnologías dieron lugar a cambios en este esquema de centros y periferias. Sin embargo, muchos estudios publicados actualmente y otros que me ha tocado revisar y que van a ser publicados muy pronto prueban que esta estructura sigue existiendo.

Esto me lleva a la cuarta dimensión de la internacionalización que me parece central y que es la parte política. Y ahí voy a mencionar dos cosas: la primera es la más obvia y es ¿para qué internacionalizarse? Esta es una pregunta que trabajamos con Hebe Vessuri en el proyecto de CONACYT: ¿Por qué lo internacional? ¿Por qué esta casi obsesión de las instituciones? Creo que hay mucho por descubrir. Porque con lo que uno se topa, incluso en el sitio web de CONACYT del área internacional, son ideas muy básicas e incluso me atrevería a pensar que, en muchos sentidos, son ideas erróneas, muy lineales: “Lo internacional nos permite tener contacto con ideas de punta, entonces, eso favorece el desarrollo del país”. En el medio de todo, eso me faltan unas conexiones. ¿Cómo es que un becario nuestro que va a Alemania tres meses contribuye al desarrollo de la industria aeronáutica de Querétaro? Algo me falta en medio y me lo perdí y creo que es precisamente el aspecto político. Es decir, el aspecto que en la literatura también es la transferencia; hay muchas maneras para referirse a eso, pero, hoy, ya no se ve como un fenómeno local de transferencias,  ni se agota en cómo nuestras universidades se conectan con nuestro sector productivo. Creo que hay que verlo en un escenario global y que, por lo tanto, lo internacional juega un papel central. Entonces, esa dimensión política es un poco respondernos como país, como académicos ¿para qué lo internacional? ¿Qué papel queremos que juegue lo internacional? Y es peor en el caso de las universidades: a veces las universidades tienen un discurso todavía más pobre que el del CONACYT. Porque CONACYT se ve en el contexto de un gobierno, estas cosas tienen cierto sentido. Pero las universidades entran en una dinámica de internacionalizarse porque sí y porque les parece que es lindo, esto me parece preocupante.

La otra dimensión política de lo internacional es esto de los centros y las periferias, es decir, esquemas que van emergiendo como producto no sólo de las prácticas académicas si no de un montón de otras prácticas que están interrelacionadas. Por ejemplo, la producción de libros, la concentración de recursos simbólicos y materiales en ciertas universidades en ciertos centros de investigación a nivel mundial. Por ejemplo, la atracción de talentos que ejercen esos lugares frente a chicos y chicas de todas partes del mundo que miran esos lugares como referencia. Es decir, hay un componente político interno, volviendo a lo que te decía antes sobre las transferencias y la circulación del conocimiento, entre las distintas áreas de la sociedad. Pero hay un componente geopolítico y global de producción del conocimiento que es cómo hacemos para retener el conocimiento, en términos de gente, pero también de publicaciones,  de bases de datos y de datos primarios, etc. Esas son las áreas que para mí son ya relevantes, pero que cada vez van a serlo más.

FF: Perfecto Doctor, para fortalecer los procesos de internacionalización de la educación superior y la ciencia ¿Cuáles serían las principales medidas en política pública e institucional a implementar, desde su perspectiva?

LR: Mira, cuando a los académicos nos invitan a ser políticos aunque sea en una entrevista, siempre es problemático. Yo creo que una primera cuestión en una política pública es preguntarnos el por qué y para qué y esto no puede ser decidido por el Director General del CONACYT o, digamos, por las máximas autoridades nada más. Esto tiene que estar con un nivel de consenso elevadísimo. No sólo por la continuidad que exige, porque los seis años de un gobierno no son nada para la vida académica sino, en parte, por la manera en que hay que articular la idea de internacionalización, que puede venir de las autoridades, con la práctica de la internacionalización que viene de lo que hacemos todos los días. Es como si yo digo “Yo creo que hay que acoplar la producción de conocimientos a Estados Unidos” y resulta que cuando charlas con los académicos, los vínculos más fuertes en términos cuantitativos y cualitativos son con España y con Brasil, por poner un ejemplo. Ese tipo de cosas genera un cortocircuito porque, por más recursos que vengan de la política pública de arriba hacia abajo, vos tenés una carrera, tenés una trayectoria, tenés contactos ganados que no vas a tirar por la borda por el mero hecho de que alguien diga “No, sería mejor si usted tuviera contacto con Estados Unidos y no con Brasil”. “Bueno, tengo 10 años de contacto con Brasil y tengo veinte publicaciones en contacto con Brasil”. Yo creo que un primer aspecto de la política pública es consensuarlo a los máximos niveles posibles, claro, no siempre es fácil; como decimos en Argentina “no es soplar y hacer botellas”, pero definitivamente uno no lo ve tanto.

Lo segundo que demanda la internacionalización, me parece, es una infraestructura del conocimiento. Volviendo a esto que te decía de que todos los científicos deben estar llenando la plataforma de CONACYT que colapsa cada 30 segundos ¿Qué plataforma tenemos para que circule el conocimiento, que hayan sido generadas por nosotros? Ya sea en México o en la región latinoamericana: muy poco. En ese sentido, hay un problema en la internacionalización: es que nos inserta en condiciones desventajosas y esto es algo que hay abordar a nivel de la política pública. Claro, uno no va a cambiar la política pública de lo que hace Alemania o lo que hace Francia o Reino Unido, uno puede cambiar lo que hace México o lo que hace América Latina si se puede coordinar con otros países que tiene situaciones comparables. En el caso de México la comparación regional es con Brasil, y, después, con Argentina, hasta ahí nomás. Cuantitativamente, México tiene un peso que lo hace un actor sumamente relevante en la región. Entonces, ese peso es algo que en algún momento vale la pena que el país lo entienda, en términos de un liderazgo en la región, que tal vez tuvo Brasil durante la primera década de este siglo y que, envuelto en su propia crisis, ha dejado de lado y que nadie ha tomado.

Esto es muy interesante que México lo piense en sus políticas públicas, porque puede ejercer un rol que trascienda definitivamente las fronteras mexicanas y que moldeé mucho de lo que pasa en otros países de la región. Pero, volviendo a lo que te decía de la infraestructura, yo me pongo a pensar, por ejemplo, en quién puede acceder al CVU desde fuera de CONACYT, desde fuera de México. Ese es un problema y este es un problema que, por ejemplo, Brasil ha intentado arreglar con el currículum que cada investigador nacional tiene. Entonces, vos puedes acceder a cualquier CV de los investigadores, no necesitan que su universidad le abra su sitio web, el sistema tiene acceso ¿Qué pasa con las traducciones? La lengua oficial de México es el español más un montón de lenguas indígenas, pero el propio CONACYT y la política de internacionalización, en general, están pensados en inglés: ahí hay otro tema ¿Qué estamos haciendo para que nuestra producción, si lo que queremos es tener visibilidad ahí, se haga en la lengua en la que el resto del mundo se comunica (…)? Yo no soy muy fanático de esto, a pesar de mi formación en países anglosajones, pero no puedo negar que alcanza con mirar un par de estadísticas nada más que el 90% de todas las publicaciones están en inglés, entonces, o uno juega un poquito ese juego o juega un juego muy aislado. Y me parece que eso es otra cosa que hay que pensar de la política pública: ¿qué herramientas tenemos hoy para que si yo tengo un buen artículo en español me lo traduzca el CONACYT, para que lo pueda mandar a una revista de mayor impacto? ¿Qué apoyos tengo en ese sentido?

En términos de infraestructura podría ahondar en muchos más detalles, pero me parece que hay un problema al sobrentender que Internet viene a arreglar todo y que no necesita inversión de nada. Y la verdad es que se necesita muchísimo dinero, muchísimo pensamiento aplicado para darle un formato conveniente a nosotros… cuando digo “nosotros” me refiero a la gente que produce conocimiento, que es finalmente lo que a mí me interesa que circule. Si yo voy a un congreso está bueno, puedo conocer una ciudad nueva, pero el verdadero punto es que lo que se hace en México pueda tener visibilidad afuera del país. Así que, en infraestructura, hay un punto en relación a la política pública.

México hace muchos esfuerzos en términos de becas en el exterior, a mí me parece que eso hay que destacarlo. Yo vengo de un país que, desde hace más de quince años, prácticamente no da becas para estudiar afuera, bajo un supuesto bastante ridículo que es que su sistema de posgrados es lo suficientemente sólido para que no necesites ir a ningún lado, algo muy argentino por otro lado. Y México hace un esfuerzo muy grande para que muchos becarios salgan todos los años a estudiar afuera otros países. Por supuesto que RIMAC tiene expertos en movilidad, no me voy a meter en sus áreas; pero me parece que la política pública debe por lo menos continuar lo que se ha hecho, si no es que fomentarlo más. Hay otros esquemas: becas sándwich, becas cortas: hay muchos esquemas para apostar y de a poco, tal vez, la formación doctoral se vaya quedando más local y sean la posdoctoral o las becas de corta estancia las que se vayan consolidando. Pero creo que México, en ese sentido, tiene que seguir siendo un lugar de apoyo a la gente que se quiere formar en centros de excelencia internacional. Y también tiene que continuar apoyando, que lo viene haciendo via las becas del PNPC, gente que viene de otros lugares.

Ese es el papel que México no puede sacrificar, me parece a mí, porque, como politólogo que soy, eso es parte del softpower de México: si México quiere ser influyente en la región tiene en parte que contribuir a formar a los líderes de la región y México es un referente. A mí, me ha tocado hacer investigaciones sobre circulación del conocimiento en Argentina, en Chile, pero he charlado con gente de Colombia, Venezuela, Ecuador y México es un referente. México es un lugar al que un estudiante argentino o chileno mira a la hora de pensar en dónde puede estudiar; eso las becas PNPC lo han permitido a través de un criterio muy amplio de que no importa qué nacionalidad tengas si eres aceptado en el programa, después del visado que corresponde. Y eso me parece fabuloso: es una herramienta que uno no ve en Colombia, no ve en Chile, no ve en Argentina y que ha posicionado a México como un país que tiene mucho potencial de movilidad. Así que ahí hay otra dimensión de la política pública.

Elevar el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología a nivel de secretaría es otra recomendación de política pública. Y alguien podría decir “no cambia que sea Consejo o Secretaría”. Yo soy politólogo y los politólogos sabemos que las reuniones de gabinete son reuniones de gabinete, es decir, son lugares donde llegan las máximas autoridades de cada dependencia y donde se discute la distribución del poder, medida en términos presupuestales y que cuando el CONACYT no se puede sentar, ahí hay costos por no sentarse en esas reuniones y el costo lo pagamos todos. Lo paga México, pero lo pagamos los que estamos en esto. Entonces, me parece que, en política pública, darle el estatus político que se merece a la ciencia y a la tecnología es también un pendiente que tiene México. Lo hizo con cultura: durante muchísimos años fue el Consejo Nacional de Cultura y ahora es Secretaría de Cultura: que no lo haya hecho con ciencia y tecnología es llamativo.

Otro punto muy rápido en relación a política pública es cumplir lo que dice la Ley de Financiamiento de Ciencia y Tecnología. Ahí no hay que ser un cráneo para pensar en  recomendaciones muy sofisticadas: si dice el 1% del producto interno bruto, es el 1% del producto interno bruto. Los senadores y diputados no tendrían que tener ni siquiera las facultades de poder modificar un presupuesto nacional que, por ley, tiene un monto mínimo establecido para ciencia y tecnología. Así que eso es muy extraño, es muy latinoamericano eso de tener una ley que nos dimos nosotros y que no cumplimos. Me parece que en ese sentido hay una herramienta muy poderosa que es la ley y lo que no hay, es lo que en inglés se llama law enforcement, es la capacidad de aplicar esa ley y la capacidad ciudadana de demandarlo. También es llamativo que, teniendo una ley, ninguna universidad, por ejemplo, haya demandado al Estado por no cumplir la ley, si judicialmente hay una protección en relación al incumplimiento de una ley que nos lleva seguramente a temas de impunidad, de corrupción que a veces parecen muy lejanos a la ciencia y tecnología pero lamentablemente no están tan lejanos.

La transparencia creo es otro deber ser de la política pública de ciencia y tecnología, en todos los ámbitos, y también en el de la internacionalización. Parte de esta chamba muy dura que ha hecho gente de la RIMAC y de otras instituciones de conseguir datos sobre movilidad, esto debería ser producido por la política pública. Debería haber obligación de reportar las instituciones públicas y privadas del país; debería de haber más dato primario en relación a ciencia y tecnología, en general, y a internacionalización, en particular. Porque hay muchos riesgos, pero el principal riesgo es que todos arrancamos de cero cuando queremos indagar en un determinado fenómeno y un país de esta importancia, como es México, no puede darse el lujo de decir “Hoy no sabemos a ciencia cierta cuántos estudiantes o becarios tenemos de movilidad o lo sabe sólo el Director de CONACYT”. Es absolutamente nefasto, porque nos permitiría otro tipo de análisis, seguramente más sofisticado, y por tanto mejores recomendaciones. Uno hace las recomendaciones en función de los datos que tiene. Pero si no hay datos, no tienen buenas recomendaciones. No me extraña que erremos en los diagnósticos porque en general hemos sido bastante malos en detectar o en producir los datos. Creo que esos serían mis principales puntos de política pública, tal vez no estoy siendo tan específico pero podrían ser temas a discutir.

FF: Muy interesante, muchísimas gracias. Seguro van a ser de mucha utilidad sus comentarios ¿Le gustaría agregar algo más a la entrevista, Doctor?

LR: A mí me gustaría casi pensar junto a ti y a la gente de la RIMAC esta posibilidad de qué infraestructura necesitamos para, por un lado, conseguir más información y, por otro lado, ser más incluyentes en política pública y para mantener vínculos más estables entre nosotros. RIMAC organiza conferencias, es evidentemente un evento fundamental, pero después en eso de que hablaba de centros y periferias… la centralidad de la Ciudad de México es innegable. Aquí estamos hoy haciendo Skype para llegar a Puebla y me parece que es todavía un deber de cualquiera que estudia la internacionalización. Porque estos centros y periferias son muy visibles a nivel internacional, pero si uno se mira a sí mismo dice “¿y qué pasa conmigo? y ¿qué trato de hacer para evitar los centralismos y revertir la concentración?”. En ese sentido creo que hay más cosas por hacer, como pudimos ver en la investigación con Hebe Vessuri, –y, a propósito, hicimos entrevistas en el DF, pero también en Tijuana, en San Cristobal de las Casas, en Monterrey, en Guadalajara, en Xalapa. Yo creo que es muy interesante porque la idea de internacionalización, por ejemplo, en la frontera sur y en la norte no tiene nada que ver con lo que estamos discutiendo. Y cuando digo que no tiene nada que ver, no digo que ellos no conozcan los que nosotros discutimos o que nosotros no sepamos lo que ahora voy a comentar. Cuando vos vivís en la frontera, la internacionalización es tu día a día, la internacionalización no es sólo un tema, es tu manera de operar, tu manera de ir de tu casa a tu trabajo o tu manera de ir a una conferencia. Involucra tener que pasar el lector que tienen los coches en el norte para ir de Tijuana a San Diego; involucra que tus reuniones, conferencias chiquitas, locales terminen siempre viniendo gente de otro país porque le parece relevante lo que está diciendo porque lo de Tijuana tiene implicaciones para San Diego… Creo que tenemos que trabajar en formas más eficientes de comunicación que rompan la lógica de centralización. Que no digo que sea una lógica buscada por la gente de la RIMAC o de la Ciudad de México, por supuesto. Creo que es una lógica que tiene 500 años de antigüedad y que tiene que ver con el centralismo político, económico y cultural, pero, nosotros, somos académicos que venimos reflexionando sobre los flujos y la circulación. Entonces debemos mirarnos un poco al interior y veamos qué podemos hacer nosotros como Red en el contexto de la educación superior de México para tratar de revertir un poquito el centralismo, o por lo menos no estimularlo. Ahí hay cosas que tenemos que seguir platicando, tal vez en alguna conferencia ponerlo como un tema especial y que devenga en acciones específicas: en capítulos de la RIMAC en distintos lugares; algún tipo de estructura decentralizada para pensar actividades o para pensar esto mismo que están haciendo ahora, y que me parece fantástico, que es que charlen con académicos de la Red. Tratar entre otros temas la cuestión de los flujos internos como país que tenemos, porque la internacionalización está muy conectada a eso. No podemos pensar la internacionalización haciendo un ente monolítico de México. No, porque cuando uno ve a México adentro otra vez aparecen asimetrías, diferencias y entonces es otro tema que merece reflexionar.

FF: Muchas gracias por su tiempo.             

LR: Muchas gracias a ti.


[1] Fernanda Fraga es becaria de investigación por parte del Sistema Nacional de Investigadores en el Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV. Esta entrevista fue realizada con el apoyo  de la Secretaría de Educación Pública –Subsecretaría de Educación Superior- Dirección General de Educación Superior Universitaria, convenio PADES No. 2017-09-0006-09.


Entrevista disponible en PDF: FernandaFraga-LeandroRodríguez

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